| | |
| |
Apertura
del Mercado de las Telecomunicaciones
El gobierno
de Costa Rica ha anunciado, reiteradamente, que la ruptura
del monopolio en el área de las telecomunicaciones
no es negociable en el marco del TLC USA-CA ni en ningún
otro. Esta posición, sin embargo, es totalmente injustificable,
tanto en el ámbito moral (estado de derecho(s) humanos)
como en el económico.
1 El
imperativo moral. Existen al menos tres razones de orden
moral para la ruptura del monopolio en el área de las
telecomunicaciones y la privatización del ICE.
- Al
monopolizar los mercados, el gobierno comete una doble violación
de uno de nuestros derechos humanos fundamentales: la libertad
económica. Por una parte, le prohíbe al individuo
su participación en el mercado como proveedor del
servicio, conculcando así su derecho de servir a
los demás, un derecho cuyo
ejercicio es fundamental para la paz y la prosperidad.
- Se
le prohíbe aprovisionarse del servicio de otra fuente
que no sea el monopolio; o sea, se le niega el derecho a
la elección, el cual constituye la esencia misma
de la democracia. El derecho humano a la libertad económica
implica que cada individuo debe gozar de absoluta libertad
para adquirir los bienes y servicios que le sean ofrecidos,
sin importar que el oferente sea nacional o extranjero,
el Estado o un agente privado, ni si está ubicado
dentro o fuera del país.
- En
el mercado de las telecomunicaciones, el gobierno comete
la inmoralidad de actuar como juez y parte. El gobierno
es el regulador (juez) y a la vez el productor del servicio
(parte) que él mismo regula. En una sociedad decente,
esta inmoralidad por sí sola sería suficiente
para exigir la privatización del ICE.
2 El
imperativo económico. En lugar de escasez y precios
elevados, la riqueza de cualquier sociedad está en
la abundancia y precios bajos de los bienes y servicios que
el ser humano emplea para satisfacer sus necesidades y deseos.
Al facilitar la comunicación y reducir los costos de
la gestión empresarial, el servicio telefónico
genera o permite generar riqueza. Y cuanto más barato
y abundante sea, más riqueza se genera.
Más
de un siglo de observación y análisis confirma,
inequívocamente, que cualquier empresa que opere en
condiciones monopólicas, sea estatal o privada, aumenta
sus ganancias al poder cobrar más (y vender menos)
por el servicio que lo que cobraría (y vendería)
si tuviera que competir con otras empresas en el mercado.
Si no se comportara de esta manera, de nada le serviría
su privilegio monopólico y le daría lo mismo
que otros participaran en el mercado. Por el contrario, en
un mercado con competencia, para poder obtener más
ganancias, la empresa debe vender más servicio -en
cantidad y calidad- y a un menor precio que bajo la estructura
de mercado monopólica, porque si cobrara más
y ofreciera menor calidad, sus competidores le quitarían
los clientes y lo sacarían del mercado. Esta constante
lucha por el favor de los consumidores o clientes hace que
el precio que finalmente prevalezca en el mercado sea el más
bajo posible. En síntesis, los monopolios legales son
contrarios a la generación de riqueza.
3 El
absurdo económico. El monopolio estatal absorbe
recursos que, para la sociedad, serían mucho más
productivos en otras áreas. Es absolutamente absurdo
que el gobierno mantenga una fortuna congelada en actividades
donde el sector privado está ansioso por invertir,
mientras carece de suficiente infraestructura y de otros servicios
públicos indispensables para el desarrollo. La privatización
liberaría esos recursos, permitiéndole al gobierno
ampliar y mejorar las obras de infraestructura, así
como otros servicios.
4 Sofismas
económicos. Hasta ahora, se han utilizado verdaderos
sofismas para defender el monopolio del ICE, dos de ellos
son: su eficiencia empresarial y el servicio social que presta.
- Eficiencia
empresarial. En cuanto a la conveniencia de la estructura
de mercado monopólica, el meollo del asunto no estriba
en el grado de eficiencia del ICE, sino en cómo aumentar
la riqueza de la sociedad a través de más
bienes y servicios, lo cual no es compatible con los monopolios.
De ahí que, si bien es cierto que es muy conveniente
que la empresa estatal sea eficiente, esto no justifica
de ninguna manera que se monopolice el mercado.
-
Servicio social.
Se dice que el Estado cumple una función social brindando
servicios telefónicos a un sector de la población
que no puede pagar la totalidad de su costo y, por tanto,
no sería atendida por la empresa privada. Y la condición
de monopolio le permite sufragar estas pérdidas con
las ganancias del mercado lucrativo. Este argumento contiene
dos errores fundamentales. El primero radica en que al monopolizar
el mercado, muchos ciudadanos se quedan sin el servicio,
ya sea porque el Estado no lo brinda en suficiente cantidad
(hay personas que luego de pagar deben esperar varios años
por el servicio) o porque, en manos del estado, el servicio
resulta demasiado caro. El resultado es que, en lugar de
hacerlo el mercado, los políticos son los que terminan
decidiendo quienes merecen el servicio.
El segundo
estriba en que la estrategia es pésima. En lugar de
monopolizar la actividad para así cumplir con la función
social, el Estado podría dejar que las empresas privadas
provean el servicio, siempre en competencia, y utilizar los
impuestos sobre sus utilidades para atender a las pocas personas
excluidas del mercado. De esta manera, una mayor proporción
de la población (o toda) disfrutaría del servicio
(que es lo que se busca), y, aunque les encante, los gobernantes
no tendrían que jugar de Dios, decidiendo a quienes
excluir. Además, la riqueza sería mayor.
En
síntesis, no existen argumentos racionales
para defender la monopolización del servicio en el
área de las telecomunicaciones. Todo lo contrario,
los argumentos a favor de la apertura y la privatización
son irrefutables. Llegó la hora de actuar.
| |
| | | |