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Los
Subsidios Agrícolas y Criterios de Compensación
En los países
desarrollados, los empresarios agrícolas reciben fuertes subsidios
a través de varios programas gubernamentales. Los más
populares en los EE.UU. son los deficiency payments, set asides y
export subsidies (pagos de compensación, pago por no producir
y subsidios a la exportación, respectivamente). Hay quienes estiman
que la buena infraestructura, la alta inversión en investigación
y las bajas tasas de interés son también una especie de
subsidio, ya que facilitan la gestión empresarial de esos agricultores
en comparación con los del Tercer Mundo.
¿Cómo
afectan estos subsidios al productor costarricense? La única
manera en que estos subsidios pueden perjudicar o favorecer al productor
nacional es a través del precio internacional. Algunos
programas inciden sobre ese precio; otros no. Por ejemplo, el programa
que le paga al agricultor para que éste no produzca (set asides)
o para que dedique su tierra a otro cultivo, tiene el efecto de reducir
la producción mundial e incrementar el precio internacional (favoreciendo
al productor costarricense). En Japón, este programa de subsidios
ha sido popular desde 1969. El área "pagada" por no
producir arroz en ese año fue de 10 000 ha; en 1980, de 535 000
ha; en 1990, de 830 000 ha y en 1998, de 954 000 ha [Amer.J.Ag.Econ,
81(1999):1154]. A raíz de este programa, en Japón,
el área sembrada de arroz se redujo en 21 por ciento entre 1982
y 1999. Existen otros programas -como los deficiency payments
o los subsidios directos a la exportación- que, por incrementar
la oferta mundial, sí tienen el efecto de reducir el precio internacional.
La realidad.
Más que reflejar los subsidios de países desarrollados,
el precio internacional es el producto de la confluencia de innumerables
factores, incluyendo las intervenciones (subsidios de todo tipo, aranceles,
licencias, permisos, otros impuestos) en cientos de países, la
mayoría de los cuales son subdesarrollados. La suma de esa infinidad
de distorsiones hace que dicho precio suba o baje un poco con respecto
a lo que sería sin ellas. Un estudio de Eric O'N. Fisher y Harry
de Gorter, de la Universidad de Cornell (Amer.J.Ag.Econ,, 74(1992):258-267),
concluyó que si se eliminaran todos los programas de subsidio
en los Estados Unidos, los precios mundiales del arroz y del trigo,
en vez de subir, como sugieren los proteccionistas, bajarían
un 6 por ciento y un 12 por ciento, respectivamente; en tanto que el
precio del maíz aumentaría solo un 3 por ciento. ¡Revelador!
Criterio para
la compensación
Los empresarios
agrícolas nacionales piden protección arancelaria para
compensar los efectos de los subsidios de los países desarrollados.
Esa es su única justificación de tal pedido. Pero si se
usa este criterio para la compensación arancelaria, habría
que fijar un arancel del 3 por ciento a la importación del maíz
y subsidios a la importación de arroz y trigo de 6 por ciento
y 12 por ciento, respectivamente. Con base en este criterio, no habría
forma de justificar los astronómicos aranceles costarricenses
(30% a 200%).
Pero eso no es todo. En los países desarrollados existen subsidios
que producen enormes beneficios para los productores costarricenses.
Son los que financian las investigaciones que abaratan la maquinaria
agrícola, medicinas veterinarias, fertilizantes, semillas y muchos
otros insumos que ellos importan para su uso. Sin embargo, nunca se
pide castigar a los productores nacionales por estas distorsiones favorables;
al contrario, se les permite disfrutar de todos esos beneficios. Ahora,
si se utiliza el criterio de los subsidios a bienes de consumo final
para justificar la imposición de aranceles, se debería
utilizar el criterio de los subsidios a insumos para reducir
o eliminar esos aranceles. Como se ve, ni siquiera hay bases
para justificar aranceles bajos, como el del 3 por ciento a la importación
del maíz.
Opciones de
política
Una política
equitativa. En conclusión, los subsidios en los países
desarrollados no tienen el efecto que se alega ni es válido usarlos
para justificar la violación de los derechos de los costarricenses
que no sean empresarios agrícolas. Por esta razón, en
lugar del proteccionismo irracional, una política más
equitativa y justa haría lo siguiente: (1) estimar el impacto
neto de todas las distorsiones, no solo el impacto de ciertos subsidios;
(2) compensar a los productores con un arancel equivalente cuando el
neto de las distorsiones les es negativo y castigarlos con un impuesto
proporcional cuando les es positivo; (3) subsidiar a los consumidores,
con el impuesto anterior, cuando el neto de las distorsiones es negativo
para ellos, y castigarlos con un impuesto (el arancel anterior) cuando
les es positivo. ¿Se puede realizar esta tarea? Claro que sí,
pero sería en extremo onerosa y complicada. Además, el
resultado no sería el mejor.
La política óptima. La estrategia óptima
consiste en que todos seamos iguales ante la ley costarricense;
lo cual se traduce en el libre comercio para todos. Como política,
el libre comercio es superior a la política anterior porque:
(a) tiene un costo administrativo de cero: no requiere hacer estimaciones
ni compensar o castigar a ningún grupo; (b) desde el punto de
vista de la equidad entre todos los actores económicos nacionales,
el resultado sería igual o mejor; y (c) es lo moralmente correcto,
pues es la única política de comercio internacional que
respeta, en Costa Rica, la libertad individual y el derecho a la propiedad.
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