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Por
un TLC más Humano e Inteligente para Todos
25
de abril de 2003
Dr. Abel Pacheco de la Espriella
Presidente de la República
Casa Presidencial
Estimado
señor Presidente:
Reiteradamente
hemos escuchado sus manifestaciones en pro de la justicia
y el bienestar de los costarricenses, en particular los más
pobres. Confiamos en ese compromiso, por lo que deseamos manifestarle
nuestra intensa preocupación por el intento de algunos
de obstruir que los beneficios del Tratado de Libre Comercio
con Estados Unidos lleguen a todos los costarricenses.
En particular,
nos preocupa el anuncio de algunos productores agropecuarios
de iniciar una lucha para obtener el compromiso del Gobierno
de excluir varios productos agrícolas en el Tratado
de Libre Comercio con Estados Unidos y al respecto, le manifestamos
lo siguiente:
Consideramos
que el tratado comercial con los Estados Unidos debe producir
los mayores réditos al país y que las negociaciones
no deben desviarse de esta meta para satisfacer presiones
de diferentes grupos de interés que solicitan exclusiones
perjudiciales a todos los consumidores del país.
Sólo
se puede garantizar la prosperidad de un pueblo si se respetan
los derechos de los ciudadanos. Como parte integral e imprescindible
de estos derechos está el respeto a la libertad económica,
que incluye el derecho a comerciar libremente, es decir, el
derecho de todos los seres humanos a intercambiar bienes y
servicios con otras personas que vivan dentro o fuera de nuestras
fronteras. Este derecho debe ser igual para toda la población.
Todo señala
que la posición de los negociadores del gobierno está
orientada, exclusivamente, a favorecer a los sectores productivos
e ignorar los intereses y derechos de la mayoría de
la población (los consumidores) en el Tratado de Libre
Comercio.
Algunas
agrupaciones de productores insisten en utilizar el trillado
e insensato argumento de los subsidios estadounidenses y apelar
al inválido argumento de la asimetría entre
las dos economías para pedir la exclusión de
bienes de consumo básico y plazos largos para desgravar
otros bienes que son cruciales para el bienestar de los más
pobres.
Si el
Gobierno acepta excluir productos de la negociación
o fijar plazos de desgravación largos estaría
tomando una posición que incumple con los dos requisitos
antes citados. Por una parte, esa postura viola el derecho
los consumidores al libre intercambio de bienes y servicios,
mientras que para los productores privilegia ese mismo derecho.
En materia
de exclusiones, la posición de la Asociación
de Consumidores Libres es que ningún producto debe
ser excluido, ya que ello violaría nuestros derechos
y nos impediría incrementar nuestro precario estándar
de vida. Si se realizaran estudios económicos, sociales
y de costo-beneficio al país, quedaría demostrado
que las exclusiones son perniciosas. En general, las exclusiones
por las cuales históricamente ha luchado el país
se deben a la presión de sectores económicamente
poderosos y en detrimento del resto de la población.
Si los
estudios demostraran nuestro error, estaríamos dispuestos
a reconsiderar nuestra posición ya que decisiones tan
importantes no deben ser producto de presiones políticas.
Además, dado que el Gobierno de la República
ha tomado como bandera la transparencia en la función
publica, éste debe explicarle a la población
los motivos reales por los cuales le impide acceder a productos
más baratos y de mejor calidad.
En los
anteriores TLCs que el gobierno ha suscrito con otros
países (Canadá, Chile, República Dominicana
y países del caribe) se han excluido varios productos
(arroz, pollo, leche y otros) muchos de ellos incluidos en
la canasta básica alimentaria. La exclusión
de esos productos ha significado conservar elevados impuestos
a la importación, permitiendo a los productores locales
venderle a los consumidores a precios muy superiores de los
que prevalecerían con la libre importación.
En favor
de los más pobres. Un estudio de Monge y Rosales (1998)
indica que el sobreprecio pagado por los bienes excluidos
representa el 41% del ingreso real de las 70.000 familias
costarricenses más pobres. Dicho de otra forma, si
se permitiera importar libremente los productos de la canasta
básica alimentaria, las familias costarricenses más
pobres podrían aumentar automáticamente sus
ingresos en más del 40%. Lo anterior mejoraría
sustancialmente la situación de los más pobres
y de la población en general.
Siempre
se ha argumentado que el permitir la libre importación
de productos agrícolas perjudicaría a los pequeños
campesinos. Sin embargo el mismo estudio muestra que la producción
de los bienes excluidos está fuertemente concentrada
en manos de unos pocos. La diferencia de productividad entre
grandes y pequeños hace que la exigencia de protección
(vía elevados impuestos de importación) genere
grandes ganancias a los primeros, mientras la mayoría
de pequeños agricultores apenas subsisten.
Se puede
afirmar que el proteccionismo perjudica a los más pobres
disminuyendo su ingreso real al verse obligados a comprar
productos más caros y también perjudica a los
pequeños campesinos, también pobres. Este pequeño
campesinado es utilizado por los grandes productores, dado
el elevado grado de dependencia que existe por la compra de
sus cosechas y financiamientos, y de este modo esos grandes
productores garantizan sus ganancias. Los pequeños
productores quedan condenados a mantenerse en actividades
de mera subsistencia. El caso del arroz es probablemente el
más evidente y documentado de todos.
Se puede
demostrar, con números, que la pérdida de los
consumidores que generaría esa postura es varias veces
mayor que las ganancias que recibirían los agricultores
y empresarios. El país como un todo -el que usted representa-
pierde con esa posición.
Existe
una posición que demuestra inteligencia, moralidad
y humanismo y que cumple con los dos requisitos fundamentales
de (1) respetar los derechos (humanos) de todos los individuos
que viven en Costa Rica, y (2) beneficiar a la mayoría
de los habitantes de este país. Esa posición
consiste en: (1) la apertura inmediata a la importación
de TODOS los bienes. Para casos muy calificados se debe dar
plazos de desgravación rápidos fundamentado
mediante estudios técnicos que determinen la mayor
conveniencia para el país y (2) compensación
para los productores mediante los programas de asistencia.
Cabe agregar que la Agenda de Cooperación que acompaña
el TLC contempla recursos para ayudar a los pequeños
productores a enfrentar la competencia y para la reconversión
productiva.
La apertura
inmediata reconocería, por primera vez, que los consumidores
también somos seres humanos, dignos de los mismos derechos
concedidos a los agricultores y empresarios, y permitiría
que esos millones de seres se beneficien plenamente del comercio.
La compensación a los campesinos, que favorecería
sólo a los productores verdaderamente afectados por
la apertura y que sería limitada en el tiempo, será
un acto de humanismo, digna de una sociedad justa y verdaderamente
solidaria.
Dada la
importancia del tema, abrigamos esperanzas de que nuestra
preocupación sea seriamente considerada por usted.
Nuestro
voto de confianza y nuestras mayores muestras de consideración
y estima.
Sinceramente,
Juan
Ricardo Fernández R.
Presidente,
Asociación de Consumidores Libres
cc:
Ministro de Comercio Exterior
Medios de comunicación
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