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La carta campesina
...o cómo producir subsidios en lugar de alimentos
México D.F.,
marzo de 2003
A todas las
víctimas de la pobreza del campo mexicano,
A todos los vividores de la pobreza del campo mexicano,
A todos los que disfrazan su ignorancia con ropajes académicos,
A los acarreados,
A los mercantilistas trasnochados y
A todos los consumidores de México, que también somos
víctimas:
Con tristeza vemos,
cada vez más, a determinados grupos de la sociedad exigiendo
que el Estado y su gobierno utilicen su poder, o para violar la libertad
del individuo, o para violar su propiedad. Esta ocasión toca
el turno a los campesinos y sus manipuladores quienes exigen a gritos
que el Estado use su fuerza en contra del individuo, ya en su calidad
de consumidor, ya de contribuyente.
Nadie niega que
el campo mexicano vive una pobreza inaceptable. Pero no por causa del
libre comercio. ¡Cuidado! Hay que identificar claramente las verdaderas
causas así como sus posibles soluciones, pues no podemos echar
abajo el mayor éxito económico del país (el TLCAN)
en toda su historia en aras de preservar su mayor fracaso.
Es por eso que
se hace sumamente necesario realizar algunas aclaraciones:
1. Del éxito
del TLCAN. El éxito para México con el TLCAN es innegable,
y sólo aquellos que viven a expensas de los demás se empeñan
en predicar lo contrario. Algunos arrogantes académicos no hacen
más que demostrar su profunda ignorancia cuando tratan de demostrar
lo negativo que supuestamente ha sido la apertura comercial. Los resultados
de la apertura están a la vista y quienquiera no ser engañado
puede consultarlos.
Al iniciarse el
Tratado de Libre Comercio diversos grupos se oponían. Afirmaban
que empobrecería a México y el déficit comercial
sería mayor. La apertura se traduciría en más importaciones
y habría un mayor desempleo en México.
- En los años
del TLC las exportaciones totales mexicanas se han triplicado al pasar
de 52 mil millones de dólares en 1993 a 161 mil millones en
el 2002. Este es un ritmo de crecimiento de 12 por ciento al año,
superior incluso al de los tigres asiáticos. De crónicos
déficit en balanza comercial con Estados Unidos, a partir del
tratado hemos tenido superávit crecientes. Tan sólo el
año pasado fue de más de 37 mil millones de dólares.
- El flujo promedio
anual de inversiones que llegó a México de 1994 a 2001
triplicó el promedio registrado en los siete años anteriores
al TLCAN. Más de 96 mil millones de dólares en Inversión
Extranjera Directa (IED) se acumularon de 1994 al 2001. El TLCAN abrió
la puerta a una serie de empresas multinacionales que de otra manera
no hubieran pensado en instalarse en México.
- En los tres países
se han creado empleos gracias al tratado, pero en relación con
el tamaño de su economía, el más beneficiado es
México. Es difícil calcular cuántos empleos se
han creado en nuestro país como consecuencia del TLC, ya que
los factores de la economía inciden unos sobre otros de manera
dinámica y constante. Los cálculos, sin embargo, se acercan
a los tres millones. El sector externo de la economía impulsado
por el libre comercio no sólo se ha convertido en el mayor generador
de empleos de nuestro país sino que lo ha hecho con sueldos
significativamente mayores al promedio nacional. los últimos
nueve años confirman que una de las principales fuentes de empleos
para muchos hijos de campesinos, cuya única alternativa antes
del tratado era emigrar a los Estados Unidos, son trabajar en empresas
que exportan a EUA. De consolidarse el TLC, les mandaremos más
productos y menos mexicanos.
- La apertura comercial
trajo consigo nuevas obligaciones y un marco jurídico que hacía
de México un lugar más predecible y confiable para la
inversión extranjera. México abandonó el esquema
del país proteccionista y de economía planificada para
pasar a un modelo de libre mercado más democrático, lo
que garantizaba una mayor responsabilidad en la conducción de
sus políticas económicas. El TLCAN empujó a México
en esta transición de modelo de desarrollo económico
y también en gran medida en la transición política,
gracias a la transparencia y la competencia a la que forzó a
las instituciones políticas.
- Gracias a la
apertura México pudo salir adelante de la crisis del '95 relativamente
rápido y, nuestro comercio es, a la fecha, lo que mantiene a
flote la economía mexicana al representar más del 60%
del PIB.
El TLCAN cumplió
con creces en materia de comercio e inversión. Lo más
importante es que millones de consumidores mexicanos han resultado beneficiados
al tener a su alcance una variedad de productos y servicios innovadores
que son más baratos y que tienen una mejor calidad.
Los oponentes del
TLC argumentan que los beneficios del libre comercio no se han repartido
de manera equilibrada en el país. El norte, apuntan, se ha visto
favorecido mientras que el sur se ha quedado rezagado. Pero ahí
está también una de las claves que nos obligan a mantener
y fortalecer el TLC. El norte se ha integrado con entusiasmo al libre
comercio y de ahí surge su relativa prosperidad. El sur, donde
el subcomandante Marcos y sus comandantes neozapatistas protagonizaron
la rebelión en contra del TLC del 1 de enero de 1994, o donde
el pintor Francisco Toledo encabezó una campaña en contra
de la apertura de un McDonald's, se ha quedado atrás precisamente
por la resistencia de sus políticos a la apertura comercial y
económica.
2. Del caso
del agro. El atraso de nuestro sector agropecuario es previo a la
apertura y al TLC y su situación sería peor sin ese tratado.
Las estadísticas disponibles apuntan que el TLC cumplió
con su papel en el campo.
- Es falsa la visión
de que el TLC ha beneficiado a la industria manufacturera pero ha golpeado
a la agricultura. Las exportaciones agroalimentarias -que incluyen
tanto los productos del campo como los alimentos procesados con mayor
valor agregado- aumentaron en un 9.4% anual en los primeros ocho años
de operación del TLC. En total las exportaciones agroalimentarias
mexicanas han aumentado en 150% en los primeros nueve años de
vigencia del tratado (el 78%, las absorbe EUA).
- La inversión
estadounidense en la industria agroalimentaria en México es
de 6,000 millones de dólares. La mexicana en EUA para vender
alimentos mexicanos rebasa los 1,000 millones.
- Los beneficios
del libre comercio también se manifiestan por el lado de las
importaciones. Las importaciones en este rubro ascendieron 6.9% al
año. Este aumento de las importaciones agropecuarias ha permitido
que los precios de los alimentos se mantengan accesibles en el mercado
nacional y eso ha favorecido directamente a los consumidores mexicanos.
- Durante estos
diez años y gracias al TLC, hemos disfrutado los consumidores
de una baja en los precios de productos como: arroz, 37%; frijol, 34%;
maíz, 43%; trigo, 26%; algodón, 79%; soya, 53%; bovinos,
36% y leche, 32% (cifras citadas por Jesús Silva Herzog Flores
en Reforma, 8 de febrero). La apertura comercial ha sido decisiva para
este descenso de los precios que ha beneficiado a los consumidores
-incluidos aquellos que viven y trabajan en el campo.
- Las importaciones
adicionales de maíz que estamos realizando, más de cuatro
millones de toneladas anuales, están asociadas no al desastre
en ese renglón sino al crecimiento de la industria avícola,
del que el maíz amarillo es un insumo crucial.
- Gracias al TLC,
existen tribunales regionales, cuyas resoluciones son obligatorias
en EUA. En esas instancias se ventilan los casos de "dumping"
y de abusos por parte de las autoridades de los EUA. Bajo el régimen
jurídico regional del TLC, por primera vez en la historia de
ambos países, autoridades y empresas norteamericanas les han
tenido que dar la razón a sus contrapartes mexicanas.
- Sin el tratado
habría menos inversión y por lo tanto, más desempleo,
un dólar más caro, tasas más altas, mayores precios
de los alimentos y menos exportaciones a los EUA. Los productos agrícolas
baratos entrarían de contrabando.
El TLC le dio al
campo mexicano los nuevos mercados que le prometió. Y le permitió
a los productores mexicanos, por ejemplo a los del aguacate Hass de
Michoacán, superar décadas de proteccionismo estadounidense
y enviar su producto a Estados Unidos.
3. De las oscuras
intenciones. Se ha generado una verdadera orgía verbal sobre
qué hacer con la agricultura ahora que le llega el segundo tramo
de la apertura pactada en las negociaciones del TLCAN.
Aprovechando el
bullicio, los politicastros lamentables, académicos de cuarta
y demás despistados, se han rasgado las vestiduras reclamando
más subsidios y la necesidad impostergable de denunciar el capítulo
agropecuario del TLCAN como las únicas vías "para
salvar al campo mexicano". Gritan como desaforados a los cuatro
vientos que esta reducción arancelaria será el acabóse
de la agricultura mexicana.
A los grupos políticos
de presión que atacan el TLC, que saben lo que buscan, se les
unen algunas comparsas que, haciendo gala de una completa ignorancia
del contenido del TLC y de sus efectos reales en la economía,
lo condenan sin bases sólidas o piden su revisión sin
contemplar los riesgos que implica para México reabrir el tratado.
- Denunciar el
capítulo agropecuario del TLCAN es equivalente a asesinar la
parte más dinámica de nuestra economía, porque
existen intereses proteccionistas en México y en Estados Unidos
que aprovecharían la coyuntura para reabrir todo el Tratado,
lo que en las presentes circunstancias equivaldría a su aniquilación.
- Y la solución
tampoco radica en proteger más a campesinos que no tienen futuro
como tales, sino en brindarles alternativas fuera del ámbito
agropecuario que permitan reducir su excesivo número, en niveles
de subsistencia que en la mayoría de los casos no llega siquiera
a ser precaria.
- El desastre que
es la agricultura mexicana no fue causado por la apertura comercial,
como la solución tampoco radica en cerrar el sector a los flujos
comerciales. El que el sector agrícola mexicano esté
en una situación crítica es, por el contrario, el resultado
de una serie de políticas pésimamente diseñadas.
Ni el TLC ni los
subsidios al agro de EUA, que en su mayoría no van a productos
que compitan con los mexicanos, son las principales causas de los problemas
agrícolas mexicanos. Quienes piden la revisión del TLC
en materia agraria, o ignoran el saldo positivo de ese tratado o quieren
utilizarlo como excusa para a través de organizaciones campesinas
que militan en partidos políticos, obtener más recursos
para movilizaciones y campañas en las próximas elecciones.
Las protestas contra el TLC no tienen bases económicas sino motivos
políticos.
4. De la desgravación.
En 1992 cuando se firmó el TLCAN se estableció de común
acuerdo un calendario de desgravación arancelaria negociado con
base en las necesidades específicas y en la posición de
cada sector -industrial, minero y agrícola- frente a sus socios
comerciales.
- El sector con
más salvaguardas y lentitud en la liberación fue el agrícola.
Los principales productos agropecuarios, como el maíz y el frijol,
serán desgravados hasta el 2008.
- Con la entrada
en vigor del Tratado de Libre Comercio el 1 de enero de 1994, más
del 70% de las importaciones de México provenientes de EUA y
Canadá quedaron libres de arancel. El 30% restante ha venido
desgravándose gradualmente en etapas de 5, 10 y 15 años.
Para 2002 la gran mayoría de los productos agropecuarios que
importa nuestro país ya solo pagaba un mínimo arancel
del 2%.
- El 1 de enero
de 2003 significó la eliminación de dicho arancel remanente
del 2% que ya nada más le quedaba por desmantelar al 90% de
los productos agropecuarios.
- Por lo que el
impacto de esta liberación arancelaria en el 2003 no será
diferente del que se ha vivido en los últimos años. Es
una mentira sostener que ésta ha sido una apertura radical del
sector.
En el 2003 en la
mayoría de productos agrícolas no hay un cambio abrupto
en su régimen de importaciones, por lo que el impacto en la producción
nacional será marginal. La desgravación agropecuaria ha
permitido a millones de mexicanos, entre ellos jornaleros, obtener alimentos
a menores precios y a los agricultores la libre importación de
maquinaria.
5. De las Salvaguardas.
El capítulo de "Acciones de emergencia", como también
se le conoce, establece reglas para los casos en los un país
puede "recurrir temporalmente a detener la reducción pactada
en sus aranceles para proteger a industrias gravemente dañadas
por aumentos abruptos en las importaciones, resultantes de tal desgravación".
Las medidas de
emergencia que se pueden adoptar, tienen dos categorías: acciones
bilaterales y disposiciones globales dentro de las reglas previstas
para tal fin por la Organización Mundial de Comercio. En el primer
caso, hay que cumplir con una serie bastante concisa de condiciones:
- Un país
sólo puede iniciar un procedimiento de salvaguarda en el periodo
de transición de reducciones arancelarias, que en muchos casos
ya expiró para los productos con periodos de desgravación
de cinco y diez años.
- El daño
para el que se adopta la cláusula de salvaguarda debe haber
sido causado por la reducción o eliminación de tarifas
acordadas en el TLCAN.
- La acción
de salvaguarda se puede adoptar una sola vez contra un producto específico
y puede ser mantenida por un máximo de tres años, con
uno adicional para productos extremadamente "sensibles".
La medida de salvaguarda
puede tomar la forma de:
- Una suspensión
temporal en el calendario de reducciones arancelarias.
- Un incremento
en la tasa arancelaria que deberá ser el menor de: (I) la tasa
arancelaria que aplique el país en cuestión a las "naciones
más favorecidas" (NMF) en el momento que se adopta la medida;
(II) La tasa NMF en efecto inmediatamente antes de la fecha de inicio
del TLCAN.
- El país
que instituya el procedimiento señalado, debe notificar al país(es)
afectado(s) y solicitar consultas al respecto.
- El país
que tome la medida de emergencia debe compensar al país afectado
en términos mutuamente acordados, en forma de concesiones comerciales
que tengan un valor equivalente al daño causado.
- Si los países
no se ponen de acuerdo, el afectado negativamente (en este caso Estados
Unidos y/o Canadá) puede tomar medidas de represalia por un
monto equivalente al daño sufrido.
- Cuando el periodo
de la salvaguarda termine, la tarifa del bien afectado será
la tasa TLCAN que hubiera entrado en vigor un año después
de adoptada la medida.
Como se puede apreciar,
se trata de procedimientos muy bien definidos y acotados, por lo que
una declaración unilateral del Congreso de México no tiene
el menor significado legal en el marco del TLCAN, cuyos ordenamientos
son ley en los tres países signatarios.
6. De las verdaderas
causas de la miseria en el campo. Culpar al TLCAN de los problemas
del campo mexicano es la gran mentira de moda hoy en día. Pero
los problemas del campo han estado ahí por décadas. Y
de todos los factores que explican el atraso y pobreza del campesino
mexicano, la apertura comercial nada tiene que ver.
- Se afirma, casi
como un mito, que la Revolución Mexicana fue un movimiento campesino,
uno en donde el principal reclamo era la pobreza e inequidad en la
que vivía la población rural. Aceptando con todas las
reservas necesarias tal hipótesis, uno hubiera esperado que
el marco institucional posrevolucionario hubiera sido uno que se tradujera
en un mayor nivel de desarrollo y de bienestar de los campesinos, pero
no, el resultado fue exactamente el contrario. Se diseñó
un marco institucional, particularmente en lo relativo a los derechos
de propiedad de la tierra, que condenó a la población
campesina a seguir viviendo en la más absoluta pobreza. Específicamente
podríamos señalar cuatro causas:
1. Reparto
Agrario. La constitución de formas ineficientes de organización
agraria, como el ejido y el minifundio, efectivamente condenaron a
la agricultura mexicana al desastre. En el caso del ejido, al colectivizar
la tierra se eliminaron los incentivos para una asignación
eficiente de recursos, mientras que en el caso del minifundio, la
atomización de la tierra llegó a tal grado que la extensión
promedio es de únicamente cinco hectáreas, hecho que
condenó a seguir utilizando tecnologías de producción
que no son significativamente diferentes de las que se utilizaron
hace 400 años. ¿Qué se puede esperar de tal tipo
de organización agrícola? Solamente baja productividad
y una alta incidencia de pobreza.
2. Proteccionismo.
Una segunda política que dañó significativamente
a la agricultura fue la protección que se le otorgó
al sector industrial enmarcada en la política de sustitución
de importaciones. La imposición de aranceles y restricciones
cuantitativas y cualitativas a las importaciones para fomentar el
crecimiento del sector industrial actuó, simultáneamente,
como un impuesto a las actividades primarias, particularmente la agricultura.
La caída en la rentabilidad de la producción agrícola
indujo una expulsión neta de recursos productivos de este sector,
tanto capital como mano de obra, mismos que buscaron emplearse en
el sector industrial, hecho que se reflejó en una descapitalización
del campo mexicano.
3. Ausencia
de derechos de propiedad. Una tercera política que también
daño al sector agrícola, íntimamente ligada al
régimen de la tenencia de la tierra fue que, al no poder otorgarse
la tierra como aval, el sector agrícola no fue sujeto del crédito
de la banca comercial, lo que por una parte implicó un menor
flujo de recursos para el financiamiento de la producción y
de la inversión y, por otra, forzó a los productores
agrícolas a depender del crédito otorgado por las instituciones
gubernamentales.
4. Obstáculos
Constitucionales. Una cuarta fue la prohibición constitucional,
derogada con la reforma que se hizo en 1992 al Artículo 27
de la Constitución, para que sociedades mercantiles fuesen
propietarias o administraran fincas rústicas, por lo que la
propia Constitución introdujo un sesgo en contra de la modernización
y la explotación comercial de la agricultura, hecho que determinó
en gran medida el atraso que ha caracterizado a este sector de la
economía. Y así, podríamos seguir enumerando
toda una serie de políticas que siempre tuvieron un sesgo en
contra de la modernización y progreso de la agricultura.
- Hay que aceptarlo:
el ejido ha sido uno de los mayores fracasos en la historia de nuestro
país, pero los grupos políticos que dicen luchar contra
la pobreza del campo no se atreven a señalarlo porque se benefician
de él.
En fin, lo que
aseguró que el agro mexicano se volviera una fábrica inagotable
de miseria, fue precisamente la falta de ajustes a su estructura, desde
la tenencia de la tierra, pasando por el marco legal, hasta la forma
como el gobierno "apoya" al sector con numerosos esquemas
de protección y subsidio.
7. De los efectos.
Todos esos rumores que hablan de un Apocalipsis en el sector agropecuario
a consecuencia del Tratado de Libre Comercio solamente son mentiras
con fines electorales. La realidad es que el Apocalipsis del campo mexicano
lo vivimos desde hace mucho tiempo atrás y hoy es una triste
realidad.
La constitución
del ejido y del minifundio como principales formas de tenencia de la
tierra, la discriminación en contra de la pequeña propiedad
rural, la prohibición constitucional de que empresas mercantiles
fuesen propietarias de tierra con uso agrícola, la utilización
de recursos fiscales y financieros destinados al sector agropecuario
con un objetivo primario de índole política, el abandono
educativo, la política de sustitución de importaciones
industriales y el subsidio implícito a los habitantes urbanos,
fueron todos ellos los elementos que se conjuntaron para mantener a
la población rural en la pobreza, produciendo con tecnologías
de producción del siglo XVIII. El resultado está a la
vista:
- Las empresas
protegidas nunca crecieron y menos aun maduraron de forma tal que no
pudieron competir con los productores externos
FOTO: ERIK MEZA / PERIÓDICO REFORMA
- Pero más
importante aún, la política proteccionista representó
para los consumidores mexicanos de los bienes que sustituían
importaciones un significativo daño ya que tuvieron que enfrentar
precios internos mayores a los internacionales así como verse
forzados a adquirir bienes de menor calidad.
- Adicionalmente,
y como resultado directo de los mayores precios internos derivados
de la protección, se generó una transferencia de ingreso
de los consumidores hacia los productores protegidos, de forma tal
que estos últimos obtuvieron rentas extraordinarias.
Todo esto se tradujo
en
- Una productividad
bajísima, resultado de un sistema de tenencia de la tierra que
retiene en el ámbito rural una cantidad exorbitante de campesinos.
Cerca de 8 millones de mexicanos trabaja en el campo y genera solamente
el 4% del Producto Interno Bruto. Demasiada gente ocupada en un negocio
poco rentable y productivo.
- Infraestructura
obsoleta e inoperante salvo en distritos privilegiados de riego, que
son los que atraen el grueso de los subsidios. ¿Será
casualidad?
- Mercados ineficientes,
plagados de imperfecciones, intermediarismo y condiciones monopólicas,
que reducen las utilidades de los productores en beneficio de los especuladores.
- Problemas de
crédito, que no de subsidios o regalos, que llega tarde, mal
o nunca al sector y alrededor del cuál se han creado graves
problemas de "riesgo moral" al haberse perdonado reiteradamente
la cartera de quienes no pagaban.
- Y claro, más
del 40% de los agricultores mexicanos vive en pobreza extrema y de
los casi 50 millones de pobres que viven en México, 30 millones
son habitantes de las zonas rurales.
Ninguno de los
elementos anunciados del "blindaje agroalimentario" ni mucho
menos la protección de nuestro gobierno mercantilista ataca las
causas estructurales que originaron tales efectos.
8. De los subsidios.
La receta que hoy plantea el gobierno mexicano con su "blindaje
agropecuario" es la misma que llevó al desplome a este sector
a lo largo del siglo pasado: más intervención estatal,
mayores subsidios, más proteccionismo, la aplicación de
medidas y paliativos a corto plazo sólo para prolongar la desaparición
de un sector improductivo.
Así es como
el gobierno mexicano pretende competir con EUA y Canadá: a través
de mayores carretadas de recursos públicos. A través de
subsidios y barreras arancelarias que terminaremos pagando los mismos
de siempre: consumidores y contribuyentes.
9. De la solución
efectiva. Urge adelgazar el sector agropecuario desplazando a millones
de familias a otras actividades que puedan ser en verdad una fuente
digna de un mejor nivel de vida.
- El campo en México
seguirá en desventaja y el 44% de los mexicanos que viven de
él seguirá sumido en la pobreza extrema mientras no se
rompa con la estructura del minifundio. Es necesario plantear una nueva
forma de organización de los productores que les permita alcanzar
las economías de escala que tienen sus competidores de otros
países.
- La clave está
en volver más competitivos a los productores mexicanos a través
de insumos agrícolas más baratos. Si el país consigue
ofrecer energía eléctrica, costos de transporte, combustibles
o créditos para adquirir maquinaria a los mismos precios y tasas
que tienen los productores de Estados Unidos o Canadá, los agricultores
mexicanos estarán en una posición más favorable
para competir.
- De manera que
la solución está en aprobar reformas estructurales como
la fiscal o la eléctrica que permitirían bajar el precio
de los combustibles y la energía sin deteriorar las finanzas
públicas. Estos cambios sin duda dotarían de mayor productividad
al sector agropecuario.
Sólo hay
una manera de mejorar el nivel de vida de nuestros campesinos: aumentar
la productividad del campo. Pero para lograr esto hay que acabar con
el ejido, permitir la fusión de parcelas excesivamente pequeñas,
abrir las puertas al crédito privado, introducir nuevas tecnologías
para la producción agropecuaria y aprobar las reformas estructurales
que faciliten la creación de riqueza.
10. De la ignorancia
con ropaje académico. Investigadores y profesores de diversas
universidades se han dado a la tarea de demostrar "científicamente"
la maldad del libre comercio, claro, con argumentos bastante mañosos
y totalmente falaces. Por el sólo hecho de ser académicos
publican documentos plagados de tonterías y se creen con las
credenciales suficientes para chantajear al gobierno e instalar un orden
marxista -verdadero motivo de sus "investigaciones".
- Como dogma -porque
jamás definen el concepto- en sus documentos abogan por la "soberanía
alimentaria". Presuponen que es deseable y posible y dan por un
hecho que cualquier importación de alimentos atenta contra dicha
soberanía. ¿Porqué no dan una definición
funcional de tal soberanía (ya que son tan "científicos")
y justificar por qué es deseable y posible para un país?
- Si se refieren
a que no somos soberanos porque compramos más alimentos al exterior
de los que vendemos; es totalmente falso. México es un país
superavitario en sus relaciones con el exterior en materia alimentaria
cuando se incluye el sector pesquero, por lo que somos "más
que soberanos en este renglón" al vender más de
lo que compra. Ello no quiere decir que seamos superavitarios o siquiera
autosuficientes en todos y cada uno de los productos alimentarios que
se consumen, lo que sería lamentable pues no estaríamos
produciendo en lo que somos mejores para hacerlo en lo que no lo somos.
- Su concepto de
"asimetrías" es sesgado. Lo mismo contabilizan en
tales asimetrías factores geográficos y climatológicos,
que rezagos de productividad, diferencias en régimen de la tenencia
de la tierra (algo que deberían explorar con más detenimiento
para detectar los daños que causó la "reforma agraria"
a la productividad agropecuaria, así como el deficiente sistema
jurídico de garantías a los derechos de propiedad), que
factores elegidos arbitrariamente para "probar" lo que, desde
antes de investigar, estos académicos dan como un hecho axiomático.
Eso no es científico, es propaganda.
- Su "estudios"
están repletos de peticiones de principio, jamás explicadas
ni demostradas. Por ejemplo, ¿de acuerdo a qué metodología
calculan la sobrevaluación del peso respecto del dólar?,
¿de dónde sacan que un déficit en la balanza comercial
es nocivo?, ¿por qué ignoran o desdeñan la película
completa de toda la balanza de pagos?, si un déficit comercial
es siempre malo, hemos de deducir que un superávit comercial
es siempre bueno ¿por qué no dicen entonces que el TLC
modificó radicalmente la balanza comercial entre México
y Estados Unidos y que tal balance, desde el TLC, ha sido crecientemente
superavitaria para México?
- ¿Por qué
su "análisis" de los precios relativos no se detiene
en los precios específicos de los productos agroalimentarios?,
esos índices de precios están disponibles en la información
de Banxico e Inegi, mes a mes, e indican exactamente lo contrario de
lo que afirman: Ha habido una reducción neta en los precios
de los productos agrolimentarios, específicamente en aquellos
desgravados de aranceles gracias al TLC. Eso es beneficio a los consumidores,
que somos todos, NO es demagogia. Es un hecho contante y sonante.
- ¿Por qué
no calculan el costo real - en el precio de los productos del campo
(como azúcar, pollo, maíz, frijol, trigo y demás-)-
para los consumidores y contribuyentes mexicanos de los apoyos, subsidios
y mecanismos de protección que aplica el gobierno mexicano en
beneficio de los productores o de los líderes que viven de explotar
al campo y a los campesinos?
- Si desean hacer
una investigación seria, y conocer la verdad (lo cual es muy
diferente a hacer propaganda con ropaje seudoacadémico), debieran
correr dos series históricas de precios desde 1994 hasta le
fecha y comparar los resultados: Una serie para los productos agropecuarios
que tuvieron algún tipo de protección arancelaria o no
arancelaria (por ejemplo, sanitaria), así como apoyos directos
mediante subsidios (Procampo, Alianza para el Campo, créditos
subsidiados o a fondo perdido de Banrural y otros) y otra serie de
los precios de los productos agropecuarios que fueron liberados a partir
del TLC. Es seguro que en la segunda serie obtendrían un descenso
real en los precios para el consumidor.
- Sus análisis
pasan por alto las grandes rentas que han obtenido algunos productores
agropecuarios mexicanos, por ejemplo avicultores, con las salvaguardas
que negociaron en el TLC. Más bien parecería, ante la
evidencia, que algunos productores agropecuarios mexicanos negociaron
"muy bien" el TLC (para sus intereses y con combinación
con sus colegas de Estados Unidos) en detrimento de los consumidores.
- Sus cálculos
comparativos sobre subsidios y protecciones también están
sesgados, porque en términos relativos a la capacidad fiscal
de México, los "apoyos" al campo les cuestan más
a los contribuyentes mexicanos que a los contribuyentes de Estados
Unidos. En todo caso, se les pasó mencionar que los "apoyos"
y subsidios a los agricultores de Estados Unidos los pagan los contribuyentes
de Estados Unidos y acaban siendo una transferencia de riqueza a los
consumidores (de Estados Unidos o del extranjero), que se benefician
de esos precios subsidiados.
Lo triste es que
estos pobres "investigadores" sueñan que con esta propaganda
están defendiendo "los intereses de las mayorías",
y en realidad le hacen el caldo gordo a los grandes negociantes del
agro... ¿O ellos son del mismo club?
11. De nuestro
gobierno mercantilista. Ante la presión por parte de grandes
productores avícolas el gobierno mercantilista de Fox, como último
acto de Derbez y primero de Canales como secretarios de Economía
(ambos enemigos del libre comercio), decidió fregarse a los consumidores
de pollo estableciendo una salvaguarda por cinco años a las importaciones
de muslo y pierna de pollo a cambio de la promesa de estos mismos productores
de que ahora sí se van a modernizar para poder competir con los
productores estadounidenses dentro de un lustro.
- Esta salvaguarda
implica que durante este año las importaciones de estas piezas
de pollo enfrentan un arancel de 98.8%, un incremento de más
de 50 puntos porcentuales por sobre el arancel vigente hasta el 31
de diciembre del año pasado, lo que efectivamente hace prohibitiva
la importación.
- El argumento
utilizado para establecer esta inaudita protección es realmente
ridículo y muestra que lo que menos le importa al gobierno,
por lo menos a aquellos burócratas que pululan en la Secretaría
de Economía, es el bienestar de los consumidores.
FOTO: ARCHIVO PERIODICO REFORMA
La historia se
repetirá: los consumidores mexicanos de pollo pagaremos mayores
precios y le transferiremos a los productores una renta extraordinaria.
Los consumidores seremos más pobres y los productores más
ricos. Y por supuesto no invertirán esos 1,000 millones de dólares
para modernizarse ya que dentro de cinco años podrán volver
a chantajear al gobierno para que los siga protegiendo. En otras palabras:¡Consumidores,
friéguense!
12. De los falsos
defensores del campo. El reclamo para mejorar la situación
del campesino mexicano es fácilmente aprovechado por toda una
serie de grupos a quienes el bienestar de los campesinos les tiene prácticamente
sin cuidado pero que sí les es útil para lograr sus propios
objetivos políticos, entre los cuales destaca el de querer instituir
en este sufrido y atrasado país un sistema comunista, sin importar
que la evidencia internacional haya demostrado que este sistema simple
y sencillamente ha sido un absoluto fracaso en todos los países
en los que se ha intentado.
- Las marchas y
demás manifestaciones que pretenden, por lo menos, la renegociación
del capítulo agropecuario del TLC o, por lo más, la cancelación
del mismo, muestran el afán de los grupos que las organizan,
financian y realizan para, o elevar los precios de los productos agropecuarios,
o destinar impuestos de los contribuyentes a usos indebidos. Elevar
los precios de los productos agropecuarios, impidiendo la libre importación
de los mismos desde donde se produzcan a menor costo. Destinar impuestos
de los contribuyentes a usos indebidos, otorgando subsidios a los productores
agropecuarios nacionales.
- El último
día de enero, marcharon por las calles de la ciudad de México
cerca de 40,000 personas, supuestamente campesinos, para protestar
contra el TLC. Al identificar a quienes organizaron la protesta, es
fácil concluir que la marcha no fue de campesinos afectados
por el TLC ni sus objetivos eran solucionar problemas derivados del
tratado.
- Al hacer un conteo
de los campesinos acarreados a la vieja usanza priísta, pero
ahora con fondos perredistas y de sindicatos que nada tienen que ver
con el campo, menos de la mitad de los manifestantes eran gente del
campo.
- Gran parte de
los campesinos que vinieron siembran maíz y fríjol, productos
que hasta el 2008 entrarán al TLC, por lo que no han sido afectados.
Algunos líderes radicales, disfrazados de campesinos, gritaban
¡no a la liberación de aranceles al maíz y al frijol!,
como si en este año electoral se consumara la liberación
de esos productos, manifestando su ignorancia sobre el TLC. Campesinos
entrevistados, dijeron que no sabían a que venían. Otros,
convocados por grupos de izquierda, se fueron a la basílica
a rezarle a la virgen de Guadalupe.
FOTO: FERNANDO ORTEGA / PERIODICO REFORMA
- Los líderes
visibles, huelguistas de la UNAM, la presidenta nacional del PRD, miembros
del sindicato de electricistas, de telefonistas y de grupos radicales,
profesionales de las protestas, fueron un testimonio de que esa marcha
fue una manifestación partidista con fines electorales para,
según ellos, ganar votos y mostrar a la sociedad y al gobierno
panista su capacidad de movilización y acarreo.
- Solamente quien
ignore la historia política de México y las estrategias
políticas contemporáneas, puede pensar que esa marcha
es una manifestación de campesinos por los perjuicios que les
ha provocado el Tratado de Libre Comercio. Es cierto, la mayoría
de los campesinos viven en la miseria, pero desde antes del TLC y por
otras causas. Una de ellas es la tradicional manipulación de
la que han sido víctimas por los grupos y partidos políticos.
- Todavía
hay quienes confunden un acto netamente político para ganar
votos y mostrar poder con una manifestación campesina contra
el Tratado de Libre Comercio, acuerdo que ha sido seleccionado por
varios grupos políticos como el chivo expiatorio para manipular
a los campesinos en las próximas votaciones. Quienes acarrean
campesinos e indígenas como si fueran animales, le apuestan
a la mala memoria de los ciudadanos, pero las elecciones pasadas demostraron
que la mayoría de los electores ya no creen en esos falsos redentores,
en gran parte responsables de la miseria de millones de campesinos.
No hay sector que
haya recibido más ayudas, subsidios y programas gubernamentales
que el campo. Y no hay sector donde líderes, políticos
y funcionarios se hayan enriquecido más con los dineros gubernamentales.
"El campesino es de quien lo trabaja", esa ha sido la consigna
de los líderes que acarrean y manipulan a los campesinos con
la promesa de tierras, subsidios, una despensa o un viaje a la capital.
Conclusión
El atraso del campo
mexicano se origina con una demagógica reforma agraria, que sembró
inseguridad jurídica y corrupción. Y aunque oficialmente
ya terminó en la década pasada, todavía no se generaliza
un régimen de propiedad que permita a los campesinos capitalizar
sus tierras, asociarse y volverse competitivos.
Culpar al TLC de
todos nuestros males es el pretexto fácil y menos creativo para
evitar reconocer que el desastre del campo mexicano es resultado de
pésimas políticas públicas instrumentadas en los
últimos 70 años.
No permitamos que
los grupos políticos responsables de mantener a los campesinos
en la pobreza logren su objetivo de acabar con el libre comercio. No
permitamos que hundan la economía nacional para favorecer sus
ambiciones políticas.
Los mercantilistas,
que exigen privilegios gubernamentales (apoyos, protecciones, subsidios
y concesiones monopólicas), y a quienes encontramos en todos
lados (desde exportadores que demandan la devaluación del peso
hasta ejidatarios que piden el cierre de las fronteras a la importación
de alimentos), pretenden, ¡siempre!, vivir a costa, o de los consumidores,
o de los contribuyentes, lo cual los convierte en verdaderos vividores,
en el sentido peyorativo (en el más peyorativo posible) del término:
por la fuerza obtienen, de unos (consumidores) y de otros (contribuyentes)
más recursos de los que, con el libre comercio, obtendrían.
Con el libre comercio (es decir, en ausencia de esos apoyos, protecciones,
subsidios y concesiones monopólicas que exigen del gobierno,
y que el gobierno no pocas veces otorga, en beneficio de pocos y en
perjuicio de muchos), los precios serían menores y los impuestos
se usarían de manera más eficaz.
Cierto, el campo
no aguanta más, ...pero mentiras. Ya basta de que unos cuantos,
incompetentes o manipuladores con motivos electorales, vivan a expensas
de la mayoría. Porque el libre mercado es, en efecto, la defensa
de las mayorías; y el bienestar de los consumidores constituye
el mayor bien posible al mayor número de personas.
¡CONSUMIDORES DE MÉXICO, UNÍOS!
*Este documento
es una recopilación hecha por Roberto Salinas y Adolfo Gutiérrez
de las opiniones editoriales de nuestros analistas, entre los que se
encuentran Ricardo Medina, Manuel Suárez Mier, Luis Pazos, Sergio
Sarmiento, Isaac Katz, Paola Palma, Renato Blanco y Arturo Damm.
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