|
Artículos
de Opinión
Los
Falsos Profetas y los traficantes del miedo
Por Bjorn
Lomborg
Newsweek Internacional
¿La
pregunta es si gastamos dinero para hacer unas pocas mejoras en
una nación que será rica en un futuro lejano, o lo
destinamos a hacer un gran bien en un empobrecido Bangladesh ahora?
Diciembre. El
calentamiento global se agrava minuto a minuto. Para la Unión
Europea este es "uno de los asuntos más amenazantes
que hoy nos estamos enfrentando". El mayor científico
de Gran Bretaña considera que esta situación es aún
"más seria que la amenaza del terrorismo". Su superior,
Tony Blair, lo reconoce como "el asunto singular más
importante" y planea usar en el año 2005 su presidencia
dual, en la UE y en el G8 para hacer de la batalla contra el calentamiento
global una fundamental prioridad para el mundo industrializado.
Este mensaje
es el que escucharemos en la Cumbre del cambio de clima organizada
por las Naciones Unidas, que comienza esta semana en Buenos Aires:
Una firme acción basada en Protocolo Kyoto, es urgente y
constituye la prueba moral de nuestro tiempo.
Esta dramatización
es sin duda altamente contraproducente. El calentamiento global
ocurre y tiene mucha importancia, no hay duda, pero los impactos
negativos que se le asignan son exageradamente ampulosos. El encabezado
advierte de huracanes intensos y desbordes oceánicos que
inundaran la tierra, del corrimiento hacia el sur de la Corriente
del Golfo, mega sequías y hambrunas que desembocaran en la
extinción de la raza humana, o su confinamiento en la Antártida.
Semejantes pronósticos
son ficción, cosas que sólo caben en la imaginación
de los guionistas de Hollywood. No hay ninguna duda que el cambio
climático será más duro para el Tercer Mundo,
pero el despliegue publicitario desatado alrededor de semejantes
catástrofes ha impedido que podemos averiguar adonde y como
nuestro dinero le puede hacer bien a la mayoría de los pobres.
Un grupo de los economistas sobresalientes del mundo, congregado
por el proyecto Consenso de Copenhagen en el pasado mayo, formuló
esa misma pregunta:
¿Adónde
podemos hacer el mayor bien? Y el calentamiento global terminó
ocupando el último lugar en la lista de prioridades.
La lógica
chapucera de los defensores Kyoto es sorprendente. El protocolo
de ser aplicado exigiría el compromiso financiero internacional
más grande de la historia, no obstante estar basado en una
falacia elemental: Compara los costos totales del daño potencial
con los costos marginales de mejorar ligeramente el problema.
Aun si todo
el mundo industrializado realizara las metas de Kyoto, para reducir
las emisiones de carbono en un 30 por ciento, en el año 2010
el impacto sería mínimo. En el año 2100 sólo
se habría pospuesto el calentamiento global por unos escasos
seis años. El habitante de Bangladesh que se verá
perjudicado en su vivienda por los desbordes del mar alcistas debería
abandonarla en el año 2106, en lugar de hacerlo en el año
2100.
Esto tiene poco
sentido. Las mas óptimas estimaciones del costo de implementar
Kyoto oscilan entre los u$s 150 billones y los u$s 350 billones
al año. Las estimaciones calculadas del daño que produciría
el calentamiento global alcanzan cerca de los u$s 500 billones anuales
en el año 2100.
Los proponentes
argumentan que pagar 150 billones para evitar los $ 500 billones
de daños es un buen negocio. Pero eso no es lo qué
importa. A pesar de todo tenemos que pagar los 500 billones, sólo
que seis años más tarde. Así es que la situación
verdadera es: Pagamos $ 150 billones cada año durante 100
años para posponer el pago de los $ 500 billónes cada
año comenzando en el 2100. Todos los modelos económicos
muestran que este sería, como los economistas del Consenso
de Copenhagen lo describen, un "mal" negocio.
Los traficantes
de miedo asumen que el mundo permanecerá estático,
que no hará nada para protegerse. Las cifras del Panel del
Clima de Naciones Unidas, refiriéndose a Polonia, reflejan
que el costo de la anegación podría ser de $ 46 billones,
asumiendo que estan duplicando la subida probable en los niveles
del mar y que Polonia no gastará más que $ 6.1 billones
para evitarlo. Una suposición similar subyace en la teoría
que dice que con el alza de la temperatura las epidemias de malaria
aumentarán. La malaria ha desaparecido como una enfermedad
epidémica de riesgo en occidente, aún suponiendo una
sube en las temperaturas, porque la riqueza en ascenso trajo mejor
infraestructura y una mas conveniente asistencia sanitaria. Como
el mundo en vías de desarrollo se vuelve más rico,
la malaria tiene probabilidades de seguir disminuyendo.
Hay muchas y
mejores formas para ayudar a los pobres que oponiéndose al
calentamiento global. Directamente tan solo ocuparse de los asuntos
más apremiantes como las enfermedades, el hambre y del agua
contaminada, volverá a los pobres menos vulnerables al cambio
de clima.
La pobreza es
un problema enorme ahora. Las Naciones Unidas proyectan que la persona
promedio en el mundo en vías de desarrollo, en el año
2100 será al menos tan rica como lo es hoy, y probablemente
de dos a cuatro veces más rica. Cuando Bangladesh en el año
2100 deba enfrentar a quienes elevaron el mar, seguramente tendrá
el estatus de una Holanda rica. La cuestión verdadera es
si gastamos dinero para hacer un poco en favor de unos lejanos Países
Bajos en el futuro, o hacemos una gran cantidad de bien en el Bangladesh
pobre, ahora.
El mundo no
puede (o no quiere) pagar por todo, así es que tenemos la
obligación moral de establecer prioridades. Éste fue
el punto de arranque del proyecto del Consenso de Copenhague, el
cual encontró que problemas como el SIDA, el Hambre y la
Malaria podrían ser combatidos a un cierto costo de manera
eficiente, cosas que el cambio de clima no puede hacer. Podemos
prevenir a HIV repartiendo condones y mejorando la educación
de la salud. Podemos impedir que millones mueran por desnutrición,
entregandoles para que tomen suplementos simples de vitaminas.
Esto no significa
que deberíamos ignorar el cambio climático. Nosotros,
por ejemplo, deberíamos vigilar la mezcla correcta de incentivos
y reglas para alentar la investigación y la inversión
en energías renovables. Esto nos indica que hay mejores formas
para gastar 150 billones al año. Los líderes mundiales
deberían ser invitados a dejar de lado su obsesión
respecto a la amenaza distante y exagerada de la alteración
de clima, para comenzar a hacer ahora algún verdadero bien
al mundo.
Bjorn Lomborg
es el organizador del Consenso de Copenhague y es profesor asociado
en la Universidad de Aarhus en Dinamarca.
Traducción
de la FUNDACION ATLAS.
|