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Artículos
de Opinión
¿Se
desvanece la buena estrella?
Ignacio De
León, Ph.D.
Cambios en
el mercado petrolero.
En un país
históricamente sujeto a volatilidades como es Venezuela,
la tarea de pronosticar resulta nada sencilla. A la histórica
dependencia del petróleo, cuyo precio mostró su volatilidad
una vez más el año pasado, se suma el riesgo país,
producto del impredecible juego político, con sus sombras
chinescas, códigos cifrados, y en nuestro caso, erupciones
inesperadas.
La volatilidad
de estos dos factores se ha visto potenciada aun más desde
que Hugo Chavez asumiera el Poder en Venezuela en 1999. Ese año
se produjo un positivo cambio de tendencia hacia la recuperación
de los precios en el mercado de crudo. El cenit de esta tendencia
parece haberse registrado el año pasado, por la confluencia
de diversos factores coyunturales (Guerra en Irak, amenazas terroristas,
bajos niveles de inventarios) que terminaron por catapultar los
precios del marcador WTI a niveles superiores a los 50 dólares
por barril. Para tener una idea del incremento, el precio promedio
del crudo Brent en 2004 fue de 38,19 dólares, según
cálculos de Reuters, lo que equivale a un precio 34% superior
al precio promedio de 28,48 dólares registrado en 2003. Para
Venezuela esto supuso que el precio del barril estuviera 13.61 dólares
por encima del valor de 20 dólares calculado en el presupuesto
de 2004 y que el aporte fiscal de la industria petrolera duplicara
en 2004 lo programado para el presupuesto de ese año.
Hay muchos quienes
piensan que la OPEP esta detrás de esos espectaculares incrementos
de precios. En realidad, la influencia del cartel de países
exportadores de petróleo en el mercado no es ni la sombra
de lo que fue en la década de 1970. Los acontecimientos del
año que comienza confirmarán esta tesis.
La fuerza de
un cartel se mide no solo por su eficacia para incrementar los precios,
sino también para evitar que se disparen por encima del nivel
en que se maximiza la renta, pues ello incentivaría la entrada
de nuevos competidores o tecnologías en el mercado, poniendo
en riesgo la rentabilidad del monopolista en el largo plazo. Arabia
Saudita, líder de la OPEP, demostró que no está
en capacidad de incrementar su producción para evitar alzas
como las que vimos el año pasado, dado que su capacidad de
producción ha tocado su punto más bajo en 30 años,
por falta de inversiones en la industria. Igual sucede con los demás
miembros OPEP.
Podría
pensarse que esto precisamente confirma que los precios habrán
de incrementarse por insuficiencia de oferta, pero la creciente
penetración de Rusia en el mercado, así como de otros
países no-OPEP marcará el mercado en el futuro. Según
expertos de la Agencia Internacional de Energía de Paris,
para el año 2010 la producción No-OPEP se incrementará
en 8.3 millones de barriles al día. En cambio, el incremento
de la producción OPEP apenas será de 5.5 millones.
El cartel del cual forma parte Venezuela cada vez controlará
una tajada menor del mercado petrolero.
Finalmente,
si bien se espera un crecimiento mundial estimado para 2005 del
orden del 3%, es posible que grandes consumidores como China y EE.UU.
reduzcan su ritmo de crecimiento -y por tanto, de consumo. Esto
arrojará en el largo plazo una oferta no compensada por la
demanda mundial de energía. Por ello, si bien los analistas
no anticipan un colapso en el precio del petrolero para 2005, la
tendencia es hacia la estabilización, cuando no a la baja.
Esta es la tendencia que ha comenzado a manifestarse en la caída
de 11,50 dólares (22%) en el precio del barril desde el 27
de octubre, cuando el Brent alcanzara la marca de 51,94 dólares.
Es posible que
los precios del petróleo no superen, para la cesta venezolana
(cada vez más distante del marcador WTI por la degradación
de su calidad), los 29 dólares promedio, en franco contraste
con los 33.61 dólares promedio inesperadamente obtenidos
este año, cifra ésta muy superior a los 20 dólares
inicialmente previstos en la Ley de Presupuesto de 2004. Tanta suerte
es casi imposible que se repita. Además, según el
experto petrolero Quirós Corradi (El Nacional 02 enero),
la menor capacidad exportadora de PDVSA posiblemente colocará
un promedio de 2.1 millones de barriles diarios, con lo cual el
ingreso petrolero de aproximadamente 4 millardos de dólares
menos que lo presupuestado, lo cual supone un déficit de
aproximadamente 5 puntos del PIB.
Un largo
plazo que se acorta rápidamente.
La pregunta
que todos se hacen es cómo la aparente estabilización
del precio en el mercado petrolero afectará las políticas
públicas venezolanas, hambrientas como están de recursos
fiscales para satisfacer las expectativas creadas por el monumental
incremento del gasto público producido durante el último
año. Para comprender la magnitud de la empresa, es preciso
examinar algunas cifras emblemáticas que ponen de relieve
lo difícil que será para el gobierno ponerse a dieta
en 2005, habiendo abusado del paladar durante todo 2004.
En 2003 y 2004
se crearon 14 "misiones", con el fin de alfabetizar personas,
generar mas empleo, tener vivienda, y hasta facilitar la entrega
de documentos de identificación. Esto incrementó el
gasto público en el orden de 34% con respecto a las previsiones
iniciales de 2004. Para este nuevo año, las cosas no pintan
diferentes. Según la Ley de Presupuesto de 2005, la partida
de remuneraciones será 11,1 billones de bolívares,
lo cual es un incremento de 26% respecto al año anterior.
A ello se suma que la Partida de Programa social será de
1,3 billones de bolívares, produciendo un aumento de 73%,
y el presupuesto de PDVSA para las misiones subirá a 3 billones
de bolívares, lo cual triplicará lo previsto para
este año.
Todo esto se
dice fácil, pero la pregunta es cómo se mantendrá
estable el bolívar. Hasta ahora, la estrategia de anclaje
cambiario ha sido posible, dada la capacidad de endeudamiento interno
que ha tenido el gobierno. De hecho este es quizás su mayor
logro, de recomponer la arquitectura financiera del endeudamiento
para dotar de puentes financieros a sus políticas públicas,
justo antes de los incrementos de precios de 2004. Naturalmente,
el escenario que se presenta para 2005 es radicalmente diferente,
pues ahora el Estado venezolano se encuentra sustancialmente más
endeudado, con la incertidumbre de precios petroleros que tienden
a la estabilización, y sobre todo, con la presión
social alimentada por las expectativas creadas por los programas
de apalancamiento político y misiones. Ante un escenario
de insostenible gasto público, dada la insuficiencia de ingresos
petroleros, los analistas se preguntan cómo hará el
gobierno para sortear las dificultades que tiene frente a si.
Comencemos por
preguntarnos, ¿entiende el gobierno que su política
económica ha sido posible por la coyuntura petrolera, y que
toda coyuntura es, por definición, transitoria? ¿Podrá
mas la presión política de un nuevo año electoral
como el que comienza, inducir al gobierno a lanzar a la calle ingentes
inversiones públicas? Si bien aun queda espacio para el endeudamiento
(según el Banco Mundial, el endeudamiento apenas alcanzó
a 42.2% del Producto Nacional Bruto en 2003), esta es una estrategia
cada vez menos probable, por lo que al gobierno no le quedarán
muchas opciones diferentes a aplicar mayores impuestos, bien directamente
o a través de mayor devaluación. A juzgar por el pasado,
y dada la coyuntura electoral de 2005 y 2006, la segunda pareciera
ser la estrategia preferida por Miraflores. Los impuestos son políticamente
más visibles, y crean mayores resistencias.
Es posible que
la política económica continúe respondiendo
a los mismos estímulos y que la coyuntura electoral mantenga
inalterado un ritmo de gasto público insostenible en el largo
plazo. Quizás muchos en las esferas del gobierno coinciden
con Lord Keynes, en afirmar que "en el largo plazo todos estamos
muertos."
Crecimiento
a como dé lugar.
La referencia
a Keynes no es casual. En la mejor tradición keynesiana,
la meta del gobierno, según han expresado sus representantes,
es asegurar un crecimiento de la inversión pública
que promueva el crecimiento general de la economía por el
efecto multiplicador, y reduzca el desempleo. El objetivo es recrear
una economía basada en crecimiento endógeno (i.e.
sustitución de importaciones) con miras a la autosuficiencia,
e instaurar un modelo económico basado esencialmente en la
propiedad estatal de los recursos productivos. Para lograrlo, la
Ley de Presupuesto de 2005 asigna cuantiosos recursos para toda
clase de proyectos y empresas públicas, desde la creación
de empresas de servicios como el caso de la propuesta aerolínea
CONVIASA, hasta tenerías, aserraderos, y otras especies.
En esta dirección,
el diputado Rodrigo Cabezas, presidente de la Comisión Permanente
de Finanzas de la Asamblea Nacional, afirmó que el Gobierno
emitirá próximamente un macrotítulo para apuntalar
los programas y proyectos de inversión pública previstos
en la Ley de Endeudamiento del año 2005, informó Venpres.
El objetivo de la operación es apuntalar el crecimiento del
Producto Interno Bruto en 6% o 7% por el lado de la inversión
pública. Las apuestas están por la generación
de recursos de la sociedad para sufragar el gasto público,
vía endeudamiento (dada la probable insuficiencia de recursos
fiscales por el ingreso petrolero), con la coartada de promover
inversión pública. La inversión privada, en
contraste, ha sido atizada a través de medidas de redistribución
de recursos (quitar a unos para dar a otros), como es la actual
controversia sobre la aplicación de decretos de expropiación
de tierras ociosas, lo cual habrá de desincentivar, sin duda
alguna, la inversión privada aún más. No es
casualidad que en 2004 la inversión extranjera haya caído
a US$ 185 millones frente a los US$ 295 millones en 2003.
La pregunta
que se hacen los expertos es si acaso no resulta demasiado costoso
apuntalar la inversión pública sustrayendo recursos
de la sociedad, presentes o futuros, que podrían ser destinados
a inversiones productivas. Nuevamente, la dificultad de conciliar
la teoría keynesiana con la realidad de las políticas
públicas amenaza con hacer aguas la propuesta del gobierno.
La realidad es que con todos los recursos públicos invertidos,
el Producto Interno Bruto per capita este año cierra en 4.140
dólares, esto es, 4% por debajo de su ya menguado nivel de
1998, según sostiene el semanario británico The Economist.
Muchos aun se
sorprenden de la buena fortuna de este gobierno, que ha contado
con crecimiento sostenido de los precios petroleros desde 1999,
apenas a un año llegado al poder. ¿Será que
la buena estrella comenzará a apagarse? Quizás los
hechos que están por venir en 2005 hagan ver que el "largo
plazo" después de todo no era tan largo como parecía.
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